COMENTARIOS AL C.D. DE LUCAS  SABOYA

INTEMPERANTE

Humeante y cálido percibí el aroma del Tiple mientras me tomaba un café preparado por   Lucas, apenas dos compases después de mi llegada a su casa.

La música de aquel instrumento ha salido del corazón de este tiplista y amigo desde los   primeros días de su infancia. En su casa siempre han sido el aroma, los colores, los       gránulos-acordes, y los muchos sabores que sus manos le han sabido colar al Tiple  Colombiano.

Ahora mismo, un vertiginoso “Condenillo” asalta mi ánimo, retando a mis    sentidos con el vuelo divertido de sus dos traviesos tiples, a seguirlo…, a extasiarme y …, como por       encanto, a comprobar de repente –como una revelación-, que Lucas me quiere  llevar de

la mano de su música y su compañero de doce cuerdas, a la ceremonia de iniciación mía en su proyecto de vida, en sus anhelos y afectos más recónditos por lo que hace y en lo que cree:

“Fabián, estoy haciendo un disco sobre mi Tiple”.

Quiero esforzarme en este escrito por relatar lo que Lucas, con su sencillez, espontaneidad y alegría, su virtuosismo de maestro, y sobre todo, sus afectos y gratitudes sinceros por los que han sido antes en su Tiple y quienes lo acompañan en esta travesía, nos quiere entregar:

El instrumento que ha venido amasando, tallando, moldeando; el instrumento que él entiende, que suena en sus manos para nuestros extasiados oídos.

¿Quién es Luis Carlos Saboya?
¿Cómo imagina su tiple?
¿Qué hay del pasado, el presente y el futuro en la sonoridad de su instrumento?

Eliécer Arenas en su escrito “El precio de la pureza: Desangre. Ensayo sobre el papel de los músicos fronterizos en el imaginario musical del país”, comenta que: “ Una mirada a los grandes músicos que son referencia, que se consideran emblemáticos, que han dejado honda huella, muestra que muy pocos se han hecho músicos respetados participando de la educación musical convencional solamente, ni siendo portadores de un empirismo radical. De hecho, pocos logran ser respetados sin una cercanía a la tradición letrada y sin una asimilación práctica-empírica igualmente significativa”. En Luis Carlos Saboya esta afirmación adquiere un sentido contundente:

Se forma desde muy niño en la tradición académica, pero desde muy niño también canta “de oído” pasillos y bambucos a dúo con su hermano Daniel. El aprecia y admira la tradición, pero con sus oídos y sus manos siempre atentos, aprendió a incorporar en su música las sonoridades más audaces y contemporáneas que las músicas urbanas –latinoamericanas y del mundo-, con sus fenómenos complejos pero fascinantes, le han proporcionado.

CARATULA INTEMPERANTE

Intemperante para él querría decir, no sin cierta ironía, desafinado. –Lucas encuentra una    afinidad y cercanía entre el Tiple y el Oboe que trascienden eventualmente sus roles   colorísticos y de textura en los formatos en los que se desempeñan:

“Fíjese que siempre se afinan primero estos dos instrumentos”, me dice; y es cierto, ambos,   aunque por razones distintas, son difíciles de afinar. Pero el significado del término en su   pensamiento musical va más allá: Juega a “desafinarlo” con la “scordatura” misma de las   requintillas –recurso insólito-, para generar sonoridades, impresiones, de otra forma quizá   imposibles de conseguir.

Pero Intemperante es también un manifiesto audaz de su creador :

Es entender el Tiple como actor dinámico de la cultura musical contemporánea que, depositario de tradiciones seculares, y heredero impecable de los repertorios y los formatos andino-colombianos desde tiempos de Morales Pino, evoluciona, se adapta y busca sentidos estéticos a sus anhelos de futuro. Por eso este es un Tiple trascendental pero cotidiano; académico pero apasionado; un Tiple pensado desde la urbe en la que todo es posible.

Un vistazo al repertorio de este disco es elocuente:

Cuatro solos que recogen otras tantas soluciones al reto técnico de asumir este formato. “Surrungueos y Bambucos” es la primera obra compuesta para tiple solista.

Duetos con la voz, la guitarra, el contrabajo, el piano, con otro tiple – el mismo Lucas-, que nos enseñan la versatilidad de instrumentos e instrumentistas.

Un cuarteto que reta con su sonoridad opulenta y espontaneidad caribe y andina, cualquier prejuicio nacionalista.

Por último, un a obra concertante en la que tres tiples solistas y una orquesta de cámara, nos recuerdan que los virtuosos también se dan en estas tierras.

“Equipo de Ensueño” se le podría llamar al grupo de amigos músicos que acompañan a nuestro querido tiplista en su empresa:

El gran Germán Darío Pérez le dedica su obra “El Pollo Lucas”. (Pensando en el título, no me atrevería a dar detalles).
Ana María Ulloa, con su precioso color vocal, brinda intensidad al pasillo mágico de Gustavo Adolfo Renjifo.
Daniel, su hermano, le regala lo mejor de su asombrosa y creativa guitarra en dos espléndidas obras. Y a propósito, Diego, el espectacular bandolista, es aquí el acertado y conocedor ingeniero de sonido.
Mauricio Acosta convierte en artilugio aéreo su contrabajo, al sortear junto con el tiple los retos que nuestro Fernando León disfruta pensando para este dúo insólito.
Finalmente, dos amigos, dos hermanos- Bill y Edwin Colón-, nos regalan la sonoridad de un instrumento fascinante, el Cuatro Puertorriqueño, rescatado precisamente por este último de los rigores del olvido no ha mucho tiempo, y que se funde con tiple y guitarras en un abrazo bambuquero venido desde la “Estrella del Caribe”, Puerto Rico.

Siempre he creído en que debemos proteger, pero también enseñarle al Tiple, la Bandola y tantos otros instrumentos tradicionales nuestros, a sobrevivir, a ganarse su espacio en el universo musical actual y del futuro. No importa qué tantos obstáculos haya que sortear. En esto Lucas ha sido quizá más audaz que ninguno de nosotros. Eso me enorgullece, me inspira y me hace sentir acompañado y seguro en esta empresa.

… Saboreo las últimas notas de mi café y con ellas, dos tiples que se despiden nostálgicos de la mano del “Chunco” Rozo. Querido Lucas, querido Maestro:

GRACIAS POR SU TIPLE, GRACIAS POR EL “TINTO”.